Nos despertamos más temprano de lo que sonó el teléfono. Después de todo, no podíamos llegar tarde. Teníamos un compromiso de vernos para irnos temprano a Zacatecas con JGI y Mague. De hecho, nos habían esperado ya un día- no nos pudimos ir antes por el cumpleaños de Chayo que teníamos nosotros el día anterior y aunque no nos develamos de sobremanera, estábamos madrugando con esfuerzo.
Sonó el teléfono a las 5:40 am. Contesté yo porque estabas en la regadera. Era él, emocionado y ansioso por iniciar un fin de semana en Zacatecas. "What's up? A qué hora nos vemos, o qué?", me preguntó. "A las 6:00am, en Rhin, para irnos de ahí, cómo ves?" Y así fue. Llegamos a tiempo, viendo la Trail Blazer estacionada afuera. Que padre. Íbamos a estrenar la camioneta, a ver que tal.
Mague estaba en casa, acabando de empacar. En el camino nos ofreció unos gajos de toronja. Él contó anécdotas de sus amigos- mooning, tomándose fotos, embarazando a las novias, etc. Ella platicó acerca de los celos- y explicaba que su esposo era mucho más celoso que ella. Tú y yo veníamos oyendo las canciones del Adult Top 40 que habías grabado en un CD. Nos detuvimos varias veces por tráfico y por cuestiones de construcción en la carretera, pero finalmente llegamos a Zacatecas. Batallamos para dar con el Hotel Argento, en bajar todo el equipaje sin que nos quitaran las llaves que estaban pidiendo los del estacionamiento.
Como buenos turistas, tomamos el papel de peatones. Le dimos una vuelta al centro. Al mercado, al Mesón de Jovito, comimos birria y frijoles. Después fuimos a la Mina del Edén. Agarramos rumbo al teleférico, pero sólo para tomar fotos puesto a que había mucha gente. Nos regresamos para "recargar pilas" y salir en la noche.
JGI llevaba el tequila desde Monterrey. Los hombres salieron a traer la cerveza en lo que las chavas pedimos mezcladores al room service- topo toronjas y aguas minerales. A su regreso, empezamos un juego de botella... Mague a mí: "Qué es lo que más te gusta que te haga tu marido?" Me tomé un shot en lugar de contestarle. Después de unas cuatro o cinco rondas, JGI me pregunta: “Qué es lo que más te gusta hacerle a tu marido?” Solté una carcajada y contesté: “provocarle placer”.
Pues cuatro de los seis viajeros nos fuimos a caminar: tu, yo, JGI y Margarita. Llegamos hasta el Quinta Real. En varios tramos nos separamos tu y yo, a veces paticábamos los hombres y las mujeres. La situación “one on one” mía con JGI empezó aquí.
Cada cuadra todos le dábamos un trago a la botella de tequila que traía JGI debajo de la chaqueta en son de salud! En los tramos que me tocó ir con ella hablábamos de W y de su dificultad en tener hijos. Hablamos del país de las maravillas en el que viven algunos conocidos con familias cincomesinas y de cosas por el estilo.
Me acuerdo de que empezó una discusión política, y yo me atrasé en el camino. Caminé con JGI hacia el HQR en lo que cruzábamos una plaza con escalinatas varias hasta que del otro lado de la avenida nos reunimos a la plática de si Fox hace bien su trabajo o no. Pues en ese “inter” intercambiamos pensamientos. Él me comentó que le parecía que yo tenía una vida súper activa y completa. Que admiraba la cantidad de cualidades que tenía y todo lo que yo hacía. Me sentí muy halagada de que él me lo dijera puesto a que su ritmo de actividades me parecía muy "superior" al mío. Se esmeró por piropearme. Sentí que lo hacía para recibir retroalimentación. En lugar de decirle acerca de mi, que en realidad me apenaba, lo convertí en el centro de la plática y se engrandeció notablemente cuando expresé: "ay, me encantas!". Mi simple manera de ser resultó plena coquetería. Qué fácil me resultaba y cómo se alborotaba con mis palabras. Me dió la impresión de que halagos dirigidos a él no era su costumbre e hice un esfuerzo especial de hacerlo sentir bien. Entre los 4, nos habíamos atorado la mitad o más de la botella y no estábamos muy controlados que digamos.
Ya entrada la noche, cruzábamos la avenida hacia el HQR donde había un evento privado. Estuvimos merodeando los pasillos- me gustó mucho el lugar. Fuimos mirones en la boda un ratito. Descubrimos que había unos salones obscuros y vacíos y los cuatro viajantes los recorrimos. Ya íbamos en camino de salida, por un pasillo que tenía ventanas hacia la plaza de toros donde nos topamos con unos baños. Anunciaste que regresabas de momento y Margarita hizo lo mismo. Yo estaba recargada en un apoyo, viendo hacia afuera por una ventana cuando JGI me tomó de la mano y me pidió que lo abrazara. "Me das un abrazo? Un abrazo de amigos", me dijo, mientras me volteaba. Al abrazarme, me cargó hacia un rincón. Dos o tres pasos de donde yo estaba, hacia una esquina donde había un cuadro colgado en la pared. Al soltarme le dije "Ahorita vengo" mientras veía la distancia entre el baño, la planta, la esquina, la ventana y revisaba mis sentimientos con respecto al borracho que habíamos dejado solitario, cerciorándome de que fue un abrazo de amigos mientras veía su reflejo en la ventana.
Entré al baño, topándome con ella en la puerta. Yo en realidad me estaba escapando de situaciones complicadas. Tenía ganas de decirte lo ocurrido, pero sentía miedo de haber exagerado el hecho. De haber creado en mi mente la idea de que tu mejor amigo tuviera sentimientos más allá de aquel abrazo que él mismo había declarado “amistoso”. Lo descarté de inmediato. Seguramente era mi propia creación. Está borracho y se siente solo, me recordé.
Me lavé la manos despacio y salimos tú y yo al mismo tiempo. Decidimos agarrar camino al Hotel Argento, para ver si animábamos a los demás a salir. Caminamos más rápido el regreso que de ida. Me acuerdo de soltarme platicando con ella, haciendo el esfuerzo de encubrir lo no-ocurrido minutos antes.
Bajamos los cuatro con cervezas al lobby- platicaron tu y él en una mesa, ella y yo en la escalera. Un buen rato después las chicas ofrecimos subir por refill de cervezas pero ella acabó sentándose a escuchar la música en vivo y me lancé sola. Iba por tres, tu sabes que a mí la cerveza no me gusta. En la escalera, me alcanzó tu amigo, y agarrándome del brazo me dijo "déjame cargarte" mientras me levantaba en brazos y terminaba de subirme por la escalera. Yo llevaba dos cascos en las manos, soltando otra carcajada fuerte cuando iba en el aire. Me bajó al llegar al nivel del cuarto y sufrimos un breve silencio incómodo. Me agaché para sacar las cervezas de la hielera y se las pasé a él para que las abriera.
Salimos del cuarto (yo con una botella en cada mano) y en el pasillo me señaló que le pasara las cervezas que traía en las manos. Las colocó sobre la repisa de una ventana y me pidió que lo esperara, que tenía algo que decirme.
Fue un encuentro en donde sus palabras aclararon los antecedentes. No era mi imaginación: tenía sentimientos hacia mí. Calentura, pensé. Yo creo que los había reprimido cuando se dio la oportunidad de aceptarlos y de repente resurgieron de una manera que los tenía que externar. Qué lo motivó? La envidia, el desamor, el tequila?
el sentirse tan apático hacia su esposa y hacia su matrimonio? Quise creer que lo había hechizado. No era yo lo que él quería sino su idealización de mi lo obligó a desnudar sus emociones en mis ojos. Pensé que fue un acto cobarde. Que una persona firme en sus principios, fiel a sus amigos y sobretodo verdaderamente interesado en mi se reservaría sus impulsos.
Mi confesión empieza aquí: en este gran enredo brotó en mí un sentimiento de emoción y halago. Podría haberme enojado o sentido. Otra opción era poner en claro que no me interesaba y perdonar su imprudencia. Pero... (con p mayúscula) sus palabras fueron una fuente de tremenda energía positiva y sus caricias me hicieron sentir viva. Te confieso que me excité por primera vez a causa de los deseos de otra persona. Que probablemente le seguiré dando vueltas a la experiencia que me hizo sentir encontrada. La verdad es que yo ni siquiera sabía que había estado guardada, pero me sentí descubierta. Abundó de repente el poder, la seguridad, y la confianza en mí misma que se había robado nuestro primogénito unos meses atrás. Porqué dejé que me importara tanto? Quizá por tratarse de alguien con tanta historia entre nosotros. Alguien que estaba hablando y actuando fuera de cualquier razón, y que nunca antes lo había hecho conmigo. Alguien que estaba arriesgando todo por lo que yo estuviera dispuesta a darle. Me estaba dando demasiado.
Me tomó de las manos. Me dijo que tenía días de no dormir y que la noche anterior estuvo imaginándose el momento de interceptarme, de decirme lo que sentía. Yo le respondí con cariño que me preocupaba su felicidad, que siempre lo había considerado como un amigo muy especial, que tenía mucha admiración hacia él. Mientras él me acariciaba el pelo, el cuello, los hombros. Me cargó de nuevo, parecido al modo en que lo había hecho en el primer abrazo de amigos, allá en el HQR, pero esta vez me levantó desde las piernas y me dio una vuelta en el aire. Yo reaccioné de un modo pasivo físicamente. Dejé que jalara los cordones de mi blusa azul mientras me hablaba, que me tocara el pelo y acariciara mi cara. Jugó con los ojales del cinto de mis jeans y me chuleó mis zapatos de boliche por segunda ocasión. Me besó las dos mejillas. Le recordé que nos estaban esperando nuestras parejas y que las cervezas estaban cada vez menos frías. Me acuerdo que estaban destapadas y sudando sobre la repisa porque, evitando su mirada penetrante, las veía yo constantemente. Me dijo que nunca teníamos tiempo de platicar él y yo. Me invitó a ir a caminar la mañana siguiente; que el me avisaría a qué hora porque al cabo nadie más se despertaría. Me sentí muy intrigada. Siempre me ha gustado escuchar y por lo que JGI me dio a entender en ese momento, había mucho más por escucharle. Quería escucharlo. Me sentí muy nerviosa, un tanto retraída de la realidad.
Se me revolvió un poco el estómago cuando llegamos al bar donde tu y ella nos esperaban. Me sentí enferma no tanto por lo que había pasado, sino porque me había gustado. La mañana siguiente se despertó JGI antes que nadie. Se acercó al buró que estaba junto a la cama y mientras respiraba sobre mí, esperando que lo siguiera, me hice la dormida. Salíó de la habitación y me quedé intrigada de a dónde hubiéramos ido si yo hubiera accedido. Qué hubiéramos platicado, cómo me sentiría- y lo inevitable... que seguiría?
Con la esperanza y el ansia bien puesta en el alma me esperó, pero esa mañana, no llegué.
1.13.2010
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