9.25.2009

Prix Fixe

Chayo QEPD fue una mujer sabia y bruja. Conocía acerca de medicina, pero también hacía limpias y curaba el mal de ojo. Profesaba una cuasireligión basada en lo que sabía o presentía. La voz de la experiencia decía que las malas rachas siempre vienen en tres tiempos y empíricamente he comprobado que es cierto. En mi vida su palabra se cumple todavía, siempre.

Il Primo Piatto

Me lancé al parque –sola y sin decirle a nadie- una tarde entre semana con dos cosas. Una ripstik prestada y las extremas ganas de treparme y andar en ella. Pensé en el equipo adicional que sugería el video tutorial que me chuté a medias en fast-forward y me dije a mi misma- yo no lo necesito. Luego pensé- eso del protective gear es para la gente más hard core. Apenas estoy aprendiendo. Ni modo que salga envuelta en esponjas. El estilo es lo último que se pierde.

Acomódala de ladito. Pie izquierdo al frente. Impulsas con el derecho. Ya estás arriba- ahora... la cadera a un lado, luego al otro. Abunda la torpeza. No importa, cincuenta veces arriba, tienes que poder. A ver, otra vez. Dobla las rodillas. Mueve el pie de atrás.

En mi intensiva hora y media de work out, agoté mi capacidad de contar las veces que perdía el balance y me veía obligada a empezar de nuevo -bien cool- frente a algunos intrigados espectadores con edad promedio de 5 años. Pero luego, en uno de esos intentos, logré esquivar un triciclo y di vuelta, arrancando en la subidita despacio pero constante, con vuelo en la bajada. Otra vuelta y otra más. Estoy volando.

En principio, mi intención era aprender a andar en la ripstik para poder enseñarle a mi hijo cómo hacerlo. Namás que después del rush de adrenalina, mientras recuperaba el aliento y un pulso decente, me entró un fuerte sentimiento de total satisfacción; y desde ese momento adopté con pasión un nuevo hobby.

Me vine a dar cuenta un poco tarde que la fricción es un elemento importante. No es lo mismo una pista lisa, preparada para recibir objetos que se mueven sobre pequeñas ruedas (en la que regularmente ensayo) que la superficie de un estacionamiento. Sí, ese pavimento que tiene trazos de aceite a la Pollock y parches de grava suelta. What was I thinking? Wouldn’t you like to know...

Yo sentía que dominaba la patineta lo suficiente para usarla ahí, ¿porqué no? Ahí viene la subidita, planeando en la bajadita...it’s killing me and taking control... vuelta y regreso. Me sentía cómoda y segura con la velocidad, agarrando vuelito cuando de repente la patineta decide -sin mi permiso y obviamente sin avisar- pararse en seco y mi cuerpo, expulsado a unos buenos tres metros de la misma cayó del lado izquierdo, por partes. El orden, según la escala de dolor posterior: muñeca, cadera, hombro y brazo superior. Hasta el cachete fue a dar al piso, más sólo para recibir en forma de impresión un poco del asfalto.

La mayoría de los golpes se borraron instantáneamente con el baño de Ciel. El único que se quedó grabado fue el moretón en mi cadera. Una mancha más grande que mi mano que mantuve durante un par de semanas; hasta que el agua de mar acabó por diluir los tonos violetas en su enteridad, dejando en mí varios aprendizajes:

resignación- no tengo control de todo
lógica- para cada acción hay una reacción
perseverancia- tengo que levantarme y volverme a subir
paciencia- el tiempo se encarga de sanar heridas
sentido común- necesito protective gear

Ahora que soy un poquito más extreme, he cedido con gusto (y por necesidad) a las muñequeras, coderas y rodilleras a d q u i r i e n d o (para mi sorpresa, no perdiendo) un estilo diferente.

Hasta ese momento, ignoraba la posibilidad de que había inaugurado una mala racha. Luego llegó el segundo tiempo...

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